PERFIL

 

Eric Pérez
(Ciudad de México, 1972)

Estudia en escuelas públicas hasta la preparatoria. En 1990 ingresa a la Escuela Nacional de Artes Plásticas de la UNAM, misma que abandona a las pocas semanas. Cursa cinco semestres de la carrera de Historia del Arte en la Universidad Iberoamericana (1991-1994). Aunque regresa a la ENAP como invitado al seminario de pintura contemporánea (2000-2002), su formación como pintor ha sido básicamente autodidacta, y en esa medida es más una aventura vital que una carrera profesional. Esta aventura le ha permitido establecer un valioso diálogo personal con la historia de la pintura, si bien extensa y compleja, ha encontrado en ella conexiones y empatías especiales con la obra de Patinir, Brueguel, Poussin, Ruisdael, Claude Lorraine, Friedrich y Turner. Mención aparte merecen para él las obras de Corot, Daubigny y los iluministas norteamericanos, especialmente George Iness, la gráfica japonesa ukiyo-e y la pintura china.

Inicia su formación en los años noventa, en un contexto marcado por la implantación del modelo neoliberal cuyo correlato intelectual estuvo determinado por el auge de nociones tales como posmodernidad, fin de la historia y pensamiento único. Escéptico de esas nociones y crítico de su adopción por buena parte del medio artístico, optó por la práctica de la pintura como un medio idóneo para crear mundos, para buscar profundidad valiéndose de la imaginación  y tratar de ejercer así  una forma sutil pero inequívoca de resistencia contra la estandarización del mundo y del arte. Desde ese punto ha construido cada uno de sus cuadros, pero también y a través de ellos su deslinde, por un lado, de cierto dogmatismo contemporáneo cuya hegemonía no se ha ido del todo y que considera agotados y redundantes a los lenguajes y medios tradicionales,  y por el otro, de una concepción formalista de la pintura, heredera tardía de los ecos vanguardistas del siglo XX. Pero el ejercicio y reivindicación que ha hecho de  una práctica artística tradicional nada tiene que ver para él con una negación del presente sino al contrario, es una decisión conciente de la complejidad de éste. Por lo demás tiene un diálogo fluido, a veces intenso y no necesariamente conflictivo con el arte contemporáneo, pictórico o no.    

Desde que tiene memoria los viajes tienen una dimensión crucial en su vida. Tuvo la fortuna de tener unos padres muy paseadores y gracias a ellos pudo conocer buena parte del país. A los 22 años viajó un año por Europa residiendo algunos meses en Madrid y Londres desde donde viajó a la India. Ese viaje fue definitivo en su vida y en su vocación. Sigue viajando cada que puede.

 La lectura es otro de sus mundos de deleite, pero también de gestación para su trabajo. Si bien su libro favorito es casi siempre el que tiene en sus manos, entre sus autores definitivos se encuentran Roberto Calasso, Riszard Kapucinski, Simon Schama, Claudio Magris y John Berger, Aunque no es evidente en su trabajo, mantiene una relación intensa con el país y sus vicisitudes y un compromiso social y político como ciudadano. Ha simpatizado y acompañado a los grandes  movimientos sociales de 1988, 1994 y 2006, momentos también cruciales, a su manera, en su vida.

En su obra, la memoria tiene un papel fundamental como mecanismo mental que amalgama vivencias, sueños y ficciones. Además de la pintura, los viajes y la lectura, es un apasionado de las caminatas, del arte popular, de los perros y del futbol, en especial de los  pumas.

Su obra ha participado en numerosas exposiciones individuales y colectivas en México, Canadá, Estados Unidos y Europa. Obtuvo la beca Jóvenes Creadores del FONCA (2000, 2003 y 2006) y el Premio de adquisición de la XIII Bienal Rufino Tamayo (2006), además de haber sido artista residente en el Centro Banff (2001 y 2008) y becario de la Pollock- Krasner Foundation (2009).