La pintura de Eric Pérez

Un paisaje sólo puede mirarse desde la
interioridad de aquél que lo habita…

Caspar David Friedrich

La pintura de Eric Pérez, lejos de vincularse con conceptualismos todo-se-vale o de aparecer como bidimensionalidad postpictórica de corte perceptual, se ubica consistentemente en la milenaria modalidad de configuración de imágenes sobre un soporte. En consecuencia,  el pintor ha elegido a partir de su historia personal, una serie de motivos visuales que le han venido resultando entrañables: los espacios múltiples del agua y sus fronteras relativas con las tierras de la memoria y el deseo; y las presencias, en lontananza o medios términos, de figuras humanas en tránsito siempre misterioso a través de los vastos del escenario natural.

Por otra parte, es evidente para la mirada, que Eric Pérez se encuentra en plena búsqueda y apropiación de un conjunto sugerente de recursos plásticos y efectos matéricos, en la reciente tradición de la pintura tardomoderna. Me estoy refieriendo en este caso, al uso consciente de progresiones y cortes rítmicos en el sentido y saturación de los distintos empastes, a esos pasajes inesperados de óleo unas veces violento y veloz en los caminos de la pureza gramatical, otras mesurado y rotundo en la construcción de iconicidad.

Los cuatro cuerpos de obra que se presentan en esta exhibición, manifiestan una tendencia común a la visitación obsesiva de los foros reencuadrados del paisaje romántico, género pictórico que no ha perdido aún sus poderes de representación, un ejemplo de lo cual es su recurrencia altamente seductora en los planos de numerosas cinematografías contemporáneas. Ello se debe seguramente, al hecho de que se trata de un tipo de imagen en la que las apariencias visibles del entorno son controladas en el momento del registro artístico, por las narrativas de la subjetividad, desde la zona de la mente.

Las fuentes que Eric Pérez se ha impuesto como propias para elaborar su obra reciente, no sólo se componen de autores en el campo de la pintura o de experiencias de recepción y lectura visual del mundo. Para algunos de los cuadros que forman esta exposición, particularmente, el artista hace deliberada referencia a la lectura activa que lo llevó por los extraordinarios capítulos de Ka,  quizás el libro más sorprendente que se haya publicado acerca de la mitografía y mitología hindú. El texto de Roberto Calasso ha dado lugar y tiempo en la mentalidad del pintor a una matriz de imaginarios, ha generado en ella una saga de los parajes y una épica de los actos. Krishna, el amor infinito, el amante encarnado; Rudra, el arquero inexorable; Ushas, la aurora presurosa; Agni, el fuego de los principios: todas esas figuras son la misma figuración: el ojo que funda paisajes habitados por el objeto que apasiona a la visión.

Eric Pérez es un viajero en sentido amplio. Esta condición nos recuerda que, aunque pintor convencional, es un artista contemporáneo. Se ha desplazado en muchas ocasiones por la geografía física del planeta, pero además, recorre continuamente los sitios de sus recuerdos profundos. Últimamente, a incursionado con pasión en los páramos y templos, bosques y estanques de una tierra sagrada que se ve, pero que aparece desde adentro y adentro va a dar, que nunca existió en un allá porque era sólo la impresión de un relato: una literatura del mito.

He dicho antes que la modalidad pictórica en la que se inscribe la obra de Eric Pérez, en tanto convencional, asume la primacía de la imagen y disimula la realidad del soporte, es decir, que su pintura entiende y sugiere que la tela y el bastidor no existen o son irrelevantes; o mejor: pretende que están dormidos de alguna manera y que sueñan a la representación. En otro momento, insinué que era un pintor tardomoderno que explotaba las posibilidades del registro matérico concreto a la hora de representar, precisamente, en el soporte. No me parece que halla una contradicción entre esos dos argumentos nacidos de la aproximación a los cuadros, pero sí una provocación invaluable para el arte actual, las instituciones culturales y los espectadores, o sea, para una parte de la sociedad: ¿quién de ustedes se aventura todavía al tipo de sueños que no importa que no se hagan realidad?

 

Erik Castillo
México 2002