Los nómadas en curso


El saber adquirido por Eric Pérez tiene su origen en un conjunto de sucesos externos y psíquicos, que alimenta una práctica artística fundamentada en la experiencia vital. La pintura, el pintar, la colección de cuadros producidos se configuran a modo de galaxia de cristalizaciones. Todo lo realizado por el artista es un cuerpo de visualidad condensadora de aventuras soñadas e inventadas, intuidas o recordadas. Aventura de viaje que la pintura fija a modo de bitácora de fatigas. Cada imagen concretada es el testimonio de la excursión/ incursión construida lúcidamente, una y otra vez, por Eric Pérez. Podría decirse, parafraseando a Julio Cortázar en Las Babas del Diablo: “uno de todos nosotros tiene que pintar si es que esto va a ser contado”.

Lo que asombra a la mirada del espectador frente al imaginario urdido por un pintor que ha sido viajero profundo, es que casi todos los personajes que aparecen en los cuadros son civiles. No se trata, salvo ciertas excepciones, de héroes profesionales ni de seres procedentes de la leyenda o de la mitografía. Lo legendario y lo mítico alimentan hasta cierto punto la sensibilidad de Eric Pérez, pero toda referencia hecha por el artista hacia los contenidos de cualquier tradición iconográfica universal, siempre se manifiesta, en las imágenes que compone, a modo de narrativas básicas y sencillas. Dichas narrativas, en su simplicidad crucial, son legibles de entrada. Son relatos magnetizantes que funcionan desmarcándose de la significación compleja.

Eric Pérez es un pintor comprometido con los debates del medio artístico y si bien su trayectoria es visible, reconocida y estimulante, no tiene nada que ver- en ningún aspecto- con la sofisticación que acusa la escena dominante en la esfera del arte mexicano. Sus obras no son el resultado de un programa conceptualizante: son un conjunto interconectado y diverso, un continuo de unidades (cuadros) autónomas y relacionales. La táctica creativa del artista se basa en el principio de imaginar las cosas que están en el centro energético de su vida. En la fortuna crítica de la obra del pintor está dada una coincidencia, entre quienes la han abordado con acierto, en el sentido de que los comentarios hablan de lo que se ve en los lienzos y no de cómo fueron pintados. Este consenso crítico importa, en tanto nos recuerda que no todo el arte contemporáneo es muy consciente de sí mismo o arte que trata sobre el arte; y también que la producción actual no se define en todos los casos, por ser discursiva y negociada con la teoría crítica vigente o con las demás logísticas que imperan en el medio.

Los exégetas del trabajo de Eric Pérez reflexionan sobre un sustrato notorio en su enunciación: los estados de la materia física en el mundo. En efecto, existe un relato en los cuadros que representa el poder, casi pagano, del ritmo en que la naturaleza se mueve a partir de lo líquido hasta reposar en lo sólido. En paralelo, percibo una elegía de los nómadas  en curso. Dije antes que aparecen bajo la forma de civiles ¿De dónde vienen? ¿A dónde van? Se me ocurre lo que parece obvio e improbable: vienen de la ciudad hacia el retiro y se dirigen de nuevo a las ciudades. Pero esto nunca es, por sí solo, lo definitivo. La fuerza del relato reside en que la peregrinación que inventa la pintura de Eric Pérez, narra el tiempo-espacio que se encuentra entre el inicio y el posible destino del viaje. Lo que vemos, es algo así como un interludio periférico al socius de la polis contemporánea. Entonces se hace necesaria una pregunta más: ¿Qué hacen los civiles durante el viaje imaginado?

Las escenas que moviliza la pintura de Eric Pérez, ponen en juego a los personajes (en solitario y en grupo) dentro de parajes naturales, suburbanos o laterales desde el punto de vista político. La acción de las figuras se encuentra articulada en esos entornos neutrales y es la representación de prácticas de abandono o desafío corporal. Cada obra pone en marcha un mecanismo de habitación, en el que los civiles o los pobladores, los exploradores o quienes deambulan, los que yacen en la inercia o los que están de paso, acceden en mayor o menor medida a las coordenadas del esplendor. Dije antes que me parece que está insinuada, en el universo de las proposiciones de Eric Pérez, una vuelta a las ciudades. Epifanía al final de la ruta de viaje e iluminación previa al retorno a la ciudad, son las fases que quedan abiertas para la interpretación del espectador, de acuerdo con lo que he especulado, anima la mentalidad del artista. No todos los mecanismos que pienso que son sus cuadros, apuntan en la dirección iniciática que acabo de interpretar. Cabe señalar, no obstante, que considerando que Eric Pérez es, entre otras cosas, un ciudadano interesado en la reconstrucción democrática de la vida pública, además de un artista fascinado por la vía de la introspección personal, no resultaría extraño que haya contemplado la odisea en la naturaleza figurada en su obra, en términos de un ensayo de comunión humana. La producción de inconsciente es tan importante para él, como el pacto del individuo con la otredad.

La acción de los nómadas en el teatro de los paisajes, está contenida en una temporada del deseo. Las promesas de liberación y regreso nunca se cumplen del todo. Primero, porque la epifanía en la que aparecen algunos personajes de los cuadros, depende del registro de un momento concreto y de los elementos irrepetibles que dispararon ese instante de iluminación. La realidad que se revela ante los nómadas tiene límites y es un enclave único: es casi un oasis. Segundo,  porque los que retornarían iluminados para replantear las ciudades, no han sido pintados aún por Eric Pérez, sólo podemos intuirlos, son el común denominador inexistente, entre lo que pinta el artista y lo que piensa y cree como ciudadano. Así, el incumplimiento de la utopía social que subyace a los mecanismos pictóricos creados por el pintor, si es que existe, debemos leerlo en términos de una ética de la estética, que mantiene en calidad de instante o posterga afirmativamente, la presencia actual de lo prometido.

Los nómadas en curso que habitan las ficciones pictóricas de Eric Pérez, su mundo flotante, concretan sueños de libertad individual y alimentan búsquedas de reintegración comunitaria que no son las del cliché. En la transparencia extraña que despliega una fábula sin anécdota y a través de una calidad plástica en aumento, estos trabajos visuales nos remiten a la matriz de nuestras propias fantasías y nos devuelven las preguntas: ¿dejarás o soñarás que dejas la ciudad, arrastrado por la pulsión del peregrino? ¿A dónde irías? ¿Soportarás la lentitud con que nos abandona para siempre el prodigio de un momento?

 

Erik Castillo
México 2007